domingo, 17 de julio de 2022

La motivación (I), ¿por qué empecé a estudiar matemáticas?

Para quien no me conozca mi nombre es Alfonso Romero. Nací por tierras granadinas allá por 1982. Estudié informática (la ingeniería) entre 2001 y 2005, y me doctoré -en inteligencia artificial- en 2010 por la universidad de aquella ciudad. Posteriormente dediqué unos cinco años a seguir haciendo ciencia en una universidad británica y, finalmente, pasé a trabajar al mundo privado en eso que llaman la "ciencia de datos", desde una perspectiva de I+D.

En septiembre de 2020 con todo lo que podía tener en contra a nivel personal (pandemias y demás), familiar (mi esposa comenzó a trabajar en otra provincia -con los consiguientes viajes y estancias fuera de casa- y me hice cargo de mis hijas) y laboral (tengo un trabajo bastante exigente), comencé a estudiar el grado en matemáticas por la UNED. En este post (y siguiente) desgranaré algunas de las motivaciones que he tenido para emprender este camino.

La primera motivación es que es una disciplina que siempre me ha gustado. ¿Por qué no estudié matemáticas en un principio? Pues porque los ordenadores eran mi otra gran pasión. Pensé que estudiar una ingeniería (la informática, en mi caso) podría tener un buen balance entre una visión pragmática de la matemática (como herramienta) y su aplicación al mundo real. Y así es. Pero igual que hay gente que en los albores de la cuarentena le da por estudiar historia o filosofía, a mí me dio por otro lado. Yendo más al fondo de la cuestión, hay una parte de mí que siempre rechazó el típico enunciado de "este teorema no lo vamos a demostrar porque simplemente excede los contenidos de la asignatura, así que os lo creéis". De hecho, al llegar al doctorado muchos de esos "agujeros" lógicos se volvían precipicios insalvables que impedían seguir con fluidez textos básicos de estadística multivariante o de machine learning sin que uno se atrancara en enunciados aparentemente triviales. Respecto a esto último posiblemente escriba un post explicando lo que creo que debiera ser el "mínimo teórico" para poder trabajar en machine learning (pero eso lo dejaremos para otro día). No obstante, el hecho de "llenar" esos agujeros suponía también para mí otra motivación, la de tener una visión más completa de las áreas que estudié en su día, en las que he investigado y en las que sigo trabajando.

Alguna gente me preguntaba si no bastaba tan solo con seguir un libro. Por ejemplo, tomar un texto de álgebra lineal o cálculo y comenzar por la página primera mientras uno va aprendiendo. Y, en el fondo, tenían razón. El problema es encajar todo ese proceso en una vida donde es fácil "sentarse a descansar". Al final, matricularse en un grado es una forma práctica de obligarse a tener metas temporales (exámenes) que determinen el período y la velocidad de estudio, a la par que tener un cierto orden "lógico" entre materias. Por último, existe una meta en el horizonte que sería la consecución de un grado (en matemáticas) que acredite dichos conocimientos. Es decir, una forma de probar al resto del mundo que has sido capaz de interiorizar estos conocimientos, demostrar los mismos en un examen, y -por tanto- aprender algo.

Además de las motivaciones de interés en el tema y de "completitud", hay alguna otra que dejaré para próximas entradas. ¡Hasta entonces!